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GERSA | “Nos fuimos con pena, pero sin protestar”… GRACIAS A TODOS
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“Nos fuimos con pena, pero sin protestar”… GRACIAS A TODOS

“Nos fuimos con pena, pero sin protestar”… GRACIAS A TODOS

Maruja Álvarez y su nieto, el abogado Ignacio García, junto a las tierras que le expropiaron. :: FOTOS: J. PAÑEDA

«Los que pasamos la guerra civil estamos preparados para todo lo que nos venga, pero dejar toda tu vida atrás es duro. Es algo que no se te olvida nunca…». Maruja Álvarez González tiene 91 años y una cintura capaz de capear cualquier temporal y hacerse a cualquier situación. Estos días, sin embargo, está especialmente «contenta y emocionada» por una buenanueva que ha interrumpido su rutina de partida diaria al chinchón con las amigas. El Tribunal Supremo le acaba de reconocer, 48 años después, el derecho de reversión de las tierras que le fueron expropiadas en Sotiello por la antigua Uninsa. No llegó a 100.000 pesetas (600 euros) lo que le pagaron por quedarse con dos fincas, la vivienda y el bar, Casa Consuelo. Por quedarse con su vida.

«No me lo puede creer, después de tantos años ya había perdido toda la esperanza, pero el tiempo nos ha dado la razón y es una satisfacción. La pena es no poder contárselo a mi marido, que murió hace 18 años», dice mientras atiende a EL COMERCIO junto a lo que en su día fue su restaurante. «Llegué aquí con 3 años y mi vida giró en torno al bar de mi madre. Aquí me casé y aquí tuve a mi hija y a dos de mis nietos», explica. Precisamente el tercer nieto, Ignacio García, el pequeño, el único que nació ya en la ciudad fue el que ha hecho posible que su abuela pueda estar de celebración. Estudió Derecho -«en parte por poder ayudar a mis abuelos a los que se le empañaban los ojos cuando volvían a Sotiello», dice- y después de años de litigios ha conseguido que el Tribunal Supremo les dé la razón. «Míralo que pequeñín en esta foto y mira lo que consiguió ahora… Es el jefe», bromea Maruja mirando con admiración a su nieto, que le ha dado «la alegría de la vida».

Polígono de Somonte

No obstante, aunque quisiera no podrá recuperar sus terrenos. Ensidesa se los vendió al Ayuntamiento de Gijón a finales de los 80 y éste a su vez a empresas particulares para construir el polígono de Somonte. Donde hasta 1966 se levantaba Casa Consuelo -nombre de la madre de Maruja-, lo ocupa ahora la carretera de Sotiello, una nave industrial y otra parten sirve de asentamiento de feriantes. «Esta zona antes era guapísima. Pasaba un río de aguas cristalinas con truchas e, incluso, nutrias, daba gusto sentarse a tomar una botellina de sidra en el merendero», recuerda la antigua propietaria. Su hija, Ana María García Álvarez, a nombre de quien está la sentencia del Supremo, también nació y se crió allí.

Cien comidas al día

«Sotiello es nuestro sitio, llevamos casi 50 años viviendo en Gijón, pero nos sentimos de aquí. Aquí está nuestra vida», comenta Maruja mientras recuerda numerosas anécdotas del popular establecimiento hostelero: «Llegamos a dar cien comidas al día y a tener 14 personas trabajando. Era un restaurante grande y en el que paraba todo tipo de gente, desde Carantoña -el que fuera director de EL COMERCIO- hasta el poeta Alfonso Camín… Al final allí recalaba todo el mundo».

Recuerda «con muchísima pena» el día que tuvieron que dejar la vivienda -ubicaba encima del bar-. «Marchamos tal cual, de aquella eran otros tiempos y no había libertad ni siquiera para quejarse mucho, lo asumías y tirabas para adelante. Fue luego, cuando Nacho se hizo mayor y acabó de estudiar en la Universidad, cuando empezó a pelear por lo que era nuestro, pero hasta entonces habíamos apechugado con lo que nos había tocado», dice Maruja mientras apura «un vasu» de Jerez en un bar de su pueblo. Con una memoria envidiable y una agilidad «curtida por los paseos en bici desde Sotiello hasta San Lorenzo para darse un bañín en la playa», ya puede decir que ganó una larga batalla judicial contra el gigante siderúrgico. Hoy retomará su partida de chichón.

Y que no falte», sentencia satisfecha.

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